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domingo, 22 de febrero de 2015

Toca poda

Dicen los manuales que las podas pueden ser de dos tipos: formadoras o severas. La formadora puede aplicarse de forma más o menos variada, buscando modificar la copa o la distribución de las ramas que den más flores, por ejemplo.
Se puede hacer de forma controlada a lo largo del año, dependiendo de la planta y del resultado que se busque, claro.

La otra, la severa, conviene hacerla en el momento de menor actividad de la planta, en el caso de los frutales, por ejemplo, hay que hacerla cuando hace "fresco". Y como estamos en invierno, pues ha tocado.




Normalmente, se debe dejar una rama de cada tres, excepto si hay alguna enfermedad, como pasa con los olmos y las ramas afectadas por la maldita grafiosis. Entonces hay que ponerse serios: va en ello la vida de la planta y todo lo que pueda producir.


Y eso toca este año: podar para acabar con la podredumbre que nos afecta, que nos ahoga, que nos impide pensar con claridad en el futuro. Claro que las ramas podridas utilizan todas las artimañas a su alcance para que tú no las cortes, para que te creas que son las buenas y que las que vas a poner nuevas, como los injertos, son malas.

Pero voy a usar las tijeras de podar, las sierras de madera verde, las cizallas y todo lo que corte. Todo para poner una papeleta en un sobre. Es mi arma más poderosa y se lo voy a hacer pagar a todos esos canallas.



Vamos a cambiar, vamos a cortar de raíz muchas cosas. No solo ramas. Disfruten.


viernes, 10 de enero de 2014

Invierno, dicen...

Parece que se nubla...
El calendario marca el comienzo de las estaciones del año. Ustedes y yo sabemos que las estaciones empiezan cuando les da la gana, que siempre ha habido veranos tórridos y frescos o que hay inviernos crudos o suaves. Uno mira el calendario y lee que estamos en invierno, pero yo miraba el termómetro y el cielo y no podía creérmelo.
Este diciembre he disfrutado de "vacaciones de maestro": desde el 22 de diciembre hasta el fatídico día 8 de enero. Digo fatídico porque es una fecha maldita desde que éramos niños: todas las vacaciones esperando a los Reyes Magos y cuando vienen solo hay dos días para disfrutar los juguetes nuevos.

La huida a la costa empieza a formar parte de la tradición familiar, por lo menos mientras pueda con los chavales (es un decir) y se vengan aunque sea protestando.

Y este año ha estado MUY bien, puesto que mientras en Madrid hacía un tiempo de perros, allí únicamente llovió dos días, otros dos empezó revuelto con viento y nubes y el resto, a disfrutar. Así que hubo un poco de todo: compras, paseos, excursiones, canoa, play station, series en familia...

Y no es que yo lo diga, ya lo van a ver ustedes. Disfruten.


El viento crea su propia playa.

Preparada para el agua fría.

Igualito que Benidorm en agosto.

Atardecer en el río Bullent.

Jugando al pádel, abrigadas algunas.

En bici a por los roscones.

Naranjas recién cortadas.

Explotación...¿ infantil?

Sírvase usted mismo.

Año Nuevo en la playa.

Ese soy yo.

Una paella de verdad.

Cabalgata de Reyes

Parcent desde el Coll de Rates.

El marjal de Pego Oliva, precioso.


viernes, 17 de febrero de 2012

F R Í O

Ha hecho mucho frío. Sin bromas, sin paliativos. He visto en el curro fotos de casas enterradas bajo cinco metros de nieve en ciertas zonas de Rumanía; pingüinos con calefactores en el zoológico de Amberes, porque han nacido allí (son belgas, como Tintín) y no habían nunca padecido semejante rasca.
Uno, humildemente, también tiene sus batallitas. No hablo de los putos periodistas que no fueron a clase el día que explicaron las zonas templadas del planeta, y achacan las olas de frío siberianas al famoso y útil "cambio climático". Y si alguien quiere saber mi opinión, consulte los tres primeros artículos de este blog-desahogo hace un par de años.
Pues como decía, el pasado fin de semana (libre, al fin), nos subimos a Robleluengo, a la sierra de Guadalajara.
Primera decepción: no había ni gota de nieve. Bien es verdad que la altitud no llega a la media del Himalaya, puesto que son 1.100 metros, pero es que en el Ocejón (que supera los 2.000 m) tampoco habia. Luego lo entendimos: había hecho tantísimo viento que se habia llevado todo. Todo es todo, incluyendo tejas, depósitos de agua, comederos de pájaros...
Segunda decepción/mosqueo: me encuentro el grifo del patio tirado en el suelo. Más mosqueado que un pavo en Nochebuena lo vuelvo a meter a presión y con mucho tacto, abro el agua. El grifo no sale disparado pero el agua sale a borbotones por la pared del lado norte:  reventón. Y eso que dejo la tubería vacía y un grifo de desagüe abierto...
Menos mal que hacía sol, y unos 5º y comimos. Avisé al albañil, que quedó que avisará al fontanero y que ya me avisarán... o sea, julio. Volvimos a Madrid pero yo tenía ganas de pisar nieve y apoyado en mi hijo mayor, nos preparamos para dar una vuelta por Guadarrama, que nieve habia mucha, y además la veíamos por el camino.
Llega el domingo y en vez de descansar, nos levantamos a las seis y media de la mañana. Recupero viejas sensaciones montañeras, como preparar el colacao y meterlo en el termo, ultimar la mochila y salir. El termómetro marca en mi casa unos optimistas -6º y nos dirigimos raudos hacia la sierra para poder aparcar y volver temprano a casa.
Llegamos a Navacerrada a las 8 de la mañana, subiendo en ágil caravana desde Villalba, pero no se quedaba nadie en el puerto (iban todos a esquiar a Valdesquí) y pudimos aparcar bien, con el coche apuntando hacia abajo y sin riesgo de quedar encerrados por algún "mariano".
Con unos optimistas -9º según el coche, viento fuerte, nevando y aún de noche, y no obstante de ir bien pertrechados, desestimamos la subida a Bola y/o Cabezas o Maliciosa. La nube era tan densa y las condiciones tan complicadas, que optamos por el socorrido camino Schmid. De hielo no, de piedra, nos quedamos cuando vimos el termómetro de Venta Arias, tradicional restaurante en el que en toda mi vida he entrado dos veces. Una creo haber tomado algo...¿o me invitaron?: -14º y viento. Así que nos pusimos a andar. Éramos los primeros y no tuvimos problemas de correr o adelantar legiones de chonis, maris, conchas y marianos como suele pasar en esa vía. Hicimos la ruta del Collado Ventoso y luego por la carretera de la República, hasta el puerto de la Fuenfría. El paisaje es magnífico, ademas empezó a abrir el nublado hacia el lado sur y disfrutamos caminando. Pero el intenso frío nos quitó las ganas de prolongar la marcha hasta Marichiva o el convento de Casaras, porque ¡¡los muslos no nos habían entrado en calor después de dos horas y pico de marcha!!. Así que vuelta hacia Navacerrada.
Habia dejado de nevar, pero el frío seguía siendo muy intenso, aligerando, aligerando, nos empezamos a cruzar con diversos montañeros/excursionistas y al llegar a la pista del bosque ya el número de humanos era tal que no se podía casi ni caminar. Menos mal que madrugamos. Muertos de frío y de hambre, cuando llegamos al coche, nos comimos sendos bocatas de jamón con tomate, acabamos con el colacao y con casi un paquete de galletas entero y ¡hale! para Madrid. En esos momentos, a eso de las 13 hs, la cola de vehículos de arranca-para llegaba hasta casi el pantano y el pueblo de Navacerrada.

Hay que madrugar para disfrutar, pero aún así hay demasiada gente. Pero voy a tener que recuperar la Sierra de Guadarrama... por lo menos, hasta que me arreglen las tuberías...